‘Hay que reivindicar las cosas buenas que heredamos de las metodologías humanísticas’

Jane Arnold y José Manuel Foncubierta son amigos, compañeros, colegas, miembros del comité científico de Enele 2019… así que los hemos sentado para que se entrevisten mutuamente. Y es que este dúo impartirá este verano el taller “Del 20 al 21: cosas del ayer significativas en la clase de hoy” y tanto en Enele como en esta conversación indagarán en cómo algunas cuestiones del pasado pueden ser útiles en las clases de hoy

Jose Manuel Foncubierta: ¿Cómo nació tu interés en los métodos humanísticos del siglo pasado?
Jane Arnold: Bueno, cuando empecé a enseñar lenguas extranjeras, en ese momento español en Estados Unidos, me di cuenta de que en el proceso de enseñanza/aprendizaje no era suficiente solo saber técnicas para tener buenos resultados. Para enseñar gramática o vocabulario ayudaba saber otras cosas. Había conocido a Earl Stevick y leí sus libros que incluían mucha información y sugerencias sobre los métodos humanísticos. Y me influía una cita suya sobre cómo en el aprendizaje de lenguas el éxito depende menos de materiales, técnicas y análisis lingüísticos y más de lo que pasa dentro de y entre las personas en la clase.

JMF: Con esto Stevick definía en qué consiste la dimensión afectiva. Y lo afectivo tenía un papel importante en esos métodos, ¿no?
JA: Sí, porque los métodos humanísticos tienen muy en cuenta ideas de la psicología sobre el aprendizaje que enfatizan la importancia de lo afectivo. Y hoy la neurociencia apoya esto. En Enele 2017 el neurocientífico Francisco Mora dio la conferencia plenaria ¿Qué nos dice la Neuroeducación sobre el papel del cerebro y la emoción en la enseñanza de ELE?. Su libro NEUROEDUCACIÓN tiene como subtítulo: solo se puede aprender aquello que se ama. Y es que los materiales etc. son importantes pero hay otras cosas relacionadas con lo afectivo que contribuyen mucho al éxito en el proceso de aprendizaje.

Jane Arnold y José Manuel Foncubierta imparten el taller ‘Del 20 al 21: cosas del ayer significativas en la clase de hoy’ en Enele 2019

 

JMF: En el siglo XXI no hay muchos contextos de enseñanza de lenguas basados solo en alguno de los métodos humanísticos del siglo XX, ¿verdad?
JA: Efectivamente, pero hay muchos aspectos de estos métodos que sí pueden ayudarnos en nuestra docencia, dando ideas sobre maneras de lograr que los alumnos se sientan más cómodos y más interesados en lo que se hace en clase. Un ejemplo podría ser, como en la sugestopedia, leerles un texto mientras ponemos música, que puede relajarles. O, como en el caso de la respuesta física total, se podría incorporar el movimiento de diversas maneras… Estos métodos tienen algunos aspectos no siempre asequibles –sillones cómodos para un grupo de unos ocho alumnos, uso de cuadros Fidel y regletas de Cuisenaire etc.-, pero más allá de estos detalles, lo que nos interesa hoy es la filosofía que hay detrás. Los enfoques humanísticos buscan crear una actitud positiva en los alumnos y una buena dinámica de grupo, reducir la ansiedad y dar confianza, promover el aprendizaje por descubrimiento en vez de solo memorizar. Exploraremos algunas de estas cosas en nuestro taller en Enele 2019.

JA: Y ahora cuéntame tú, Foncu. ¿Te has formado en alguno de estos métodos humanistas a lo largo de tu formación como profesor de español?
JMF: Pues mi formación ha tenido que ser casi autodidacta, Jane. Hoy no hay mucha información sobre estos métodos. Se trata de métodos que han estado menos presentes que otros en instrumentos para la enseñanza como los libros de texto. Por ello, en las asignaturas de los cursos de formación han tenido menor protagonismo que los métodos sobre los que se podían poner muchos ejemplos. Los métodos humanistas fueron tan “raros” o “rompedores” con los modelos convencionales y estaban tan inspirados en la psicología del aprendizaje que en los cursos de formación de profesorado de ELE, cuando se abordan cuestiones de metodología, apenas se nombran los métodos humanistas o métodos alternativos, y no se suelen presentar más que algunas nociones muy estereotipadas. En parte es normal, porque al no haber tenido la expansión que el método audiolingüístico o el enfoque comunicativo han tenido, apenas quedan testimonios. Hoy con el acceso a Internet, se puede encontrar algo más de información. Hay que reivindicar las cosas buenas que heredamos de estas metodologías, como por ejemplo, su concepción de una enseñanza de idiomas centrada en el alumno, algo que tuvo lugar con estos métodos antes de la llegada del enfoque comunicativo. Por primera vez, en la historia de la metodología, el alumno estaba en el centro del proceso de aprendizaje. Quizás, donde han tenido mayor repercusión estos métodos es en la tradición de los enfoques curriculares. El propio Plan Curricular del Instituto Cervantes se reconoce como heredero de la tradición de los enfoques humanistas que sitúan al alumno en el centro del proceso de enseñanza/aprendizaje.

Foncubierta y Arnold llevan años trabajando juntos y recientemente han publicado “La atención a los factores afectivos en la enseñanza de ELE” (Edinumen)

JA: ¿Qué ha aportado a tus clases tu formación en estos métodos humanistas?
JFM: Bueno, muchas de las cosas que echaba de menos en los cursos de formación lo fui encontrando como alumno en los talleres que hacías tú en la sede del Instituto Cervantes en Alcalá de Henares, o Carmen Fonseca en programas de máster de Sevilla o Granada, en las lecturas que nos recomendabais y, definitivamente, donde he encontrado más estímulos ha sido en el grupo de investigación ReALL. Por ejemplo, y sin desvelar las sorpresas que tenemos preparadas en nuestro taller, los principios o fundamentos de estos métodos me inspiraron y me ayudaron mucho a preparar actividades donde la imaginación no era un sinónimo de fantasía o de irrealidad, sino un instrumento de (auto)conocimiento y una herramienta muy eficaz para favorecer tanto destrezas de comprensión como de producción. También me ayudó a considerar el valor de otro tipo de alfabetizaciones (trabajar con imágenes, con sonidos, con el movimiento corporal, etc.), para fortalecer tanto la información lingüística de entrada (input) como la capacidad de los alumnos de participar oralmente y por escrito en clase. Y, lo más importante, comencé a preocuparme por los alumnos que tenía enfrente antes que por los contenidos. Al final, las programaciones se terminan cumpliendo, y recuerdo siempre un consejo que me valió de mucho y que encontré en una lectura de Murphey y Dörnyei: que la necesidad de la urgencia no obstaculice la necesidad de lo importante.

JA: ¿Crees que vivimos un buen momento para un mayor reconocimiento de los factores afectivos?
JFM: Sin duda, hoy parece estar todo un poco mejor que ayer. Tu libro, Jane, contribuyó a que hubiera ese punto de inflexión. Además, salió publicado en plena “década del cerebro”, en los años 90, y se tradujo al español en 2000. Los avances en el terreno de las neurociencias han supuesto una confirmación científica a muchas de las cuestiones que se venían proponiendo en nuestro ámbito profesional y eso ha desatado multitud de publicaciones centradas en la importancia de la dimensión afectiva. Pero conviene recordar que ya había una tradición académica de investigadores que nos permitieron delimitar conceptos abstractos (como la autoestima, la ansiedad lingüística, la disposición a comunicarse, la motivación, etc.) y que unieron esos conceptos al desarrollo de la interlengua del alumno, proporcionándonos datos de gran interés. Lo ideal sería que esos trabajos, y las implicaciones pedagógicas que tienen, fueran teniendo más cabida en los cursos de formación a nivel de máster o en la formación permanente. La tentación es hablar de emociones, pero el verdadero reto es trasladar lo que ha sido investigado en lingüística aplicada a la formación del profesorado, para el diseño de materiales y de planes de acción docente con atención a los factores afectivos.

JA: Me parece que vamos a tener cosas interesantes que compartir en Enele 2019, ¿no?
JMF: Yo espero compartir y aprender mucho allí. Y además, como siempre, nos lo vamos a pasar muy, muy bien. Así que contando las horas estoy…

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