‘La tecnología genera nuevas oportunidades, pero la esencia de nuestro trabajo es la interacción cara a cara’

Jane Arnold ha tenido uno de sus “encuentros con…Fernando Trujillo, ponente de Enele 2019. Ambos han hablado de la identidad social del alumnado y su diversidad, de la conciencia identitaria del profesorado de lenguas extranjeras, de las ventajas y los riesgos del uso de la tecnología en la enseñanza de segundas lenguas… Fernando impartirá el taller ‘Identidad, interculturalidad y tecnología en el aula de ELE’ en el V Encuentro Internacional de Desarrollo Profesional en ELE que se celebra este verano en Cádiz (y para el que aún quedan algunas plazas)

 

Jane Arnold: La identidad ha sido tema de interés en el campo de la enseñanza de lenguas desde hace tiempo. ¿Qué novedades hay sobre ello en el trabajo con la identidad social?
Fernando Trujillo: La identidad siempre ha sido un tema importante en el ámbito de la enseñanza de lenguas, cosas que no se podría afirmar en el caso de otros tipos de enseñanza. En estos casos se ha idealizado al estudiante pensando que es una máquina de aprender a la que le soltamos contenidos que iban a procesar independientemente de su matriz identitaria de partida. Es decir, el estudiante va a aprender sea quien sea o venga de donde venga. Sin embargo en la enseñanza de idiomas es bien cierto que esta realidad se ha contemplado desde los años 70. Desde hace muchos años en la enseñanza de lenguas extranjeras ha existido lo que podríamos llamar una “conciencia identitaria”, es decir, docentes, investigadoras e investigadores de idiomas somos conscientes de que uno no aprende en el vacío. La persona aprende a partir de quién es y eso mismo define cómo aprende. Se trata de un valor que hay en las enseñanza de lenguas y así tenemos que reconocerlo.

Fernando impartirá el taller ‘Identidad, interculturalidad y tecnología en el aula de ELE’ el próximo julio en la Universidad de Cádiz


JA: ¿Y desde los años 70 hasta ahora? La cosa también ha cambiado en la enseñanza de segundas lenguas…

FT: Por supuesto. Quizás el elemento que más me llama la atención en los últimos quince años es cómo la visión de la identidad del aprendiz se ha vuelto más compleja. Una identidad que históricamente estaba vinculada con unos elementos como aptitudes, su motivación, su procedencia… Sin embargo actualmente sí reconocemos otros elementos como su clase social, su origen étnico, su identidad de género… como parte de la identidad de quien aprende. Y somos conscientes de que todos esos elementos influyen y tienen incidencia en el aprendizaje.



JA: Pues hay quien duda de la importancia de la identidad de género en los procesos de enseñanza y aprendizaje, que una cosa no tiene que ver con la otra. ¿Nos lo explicas?

FT: Tu identidad de género incide en cómo aprendes. Aunque haya que pararse para pensarlo un poco, resulta bastante sencillo. Y es que si tu identidad de género se sintiera infravalorada o atacada en distintos contextos por un comentario, por un texto que se esté leyendo en clase, por una actividad… vas a generar filtros afectivos que van a predisponerte o no para el aprendizaje de lenguas. En este sentido quizás la gran novedad hoy es contemplar al aprendiz como un ser poliédrico, que tiene muchas caras, muchas facetas… y éstas no son permanentes, sino que dependen de una situación concreta.

JA: ¿De qué situaciones?
FT: Por ejemplo, tú y yo, cuando estamos con nuestros hijos, nos ponemos la careta de papá o de mámá y nos quitamos la caretas profesionales de docentes, de la periodista, la ingeniera o el albañil… Es decir, nuestras caretas identitarias responden a situaciones y, en el caso del aula de lenguas, situaciones comunicativas. Yo creo que este es el factor más importante con el que hoy tenemos que movernos en el aula de lengua en relación con la identidad.

JA: Entonces, esta nueva concepción del alumnado implica más complejidad pero también es mucho más transformadora, ¿no?
FT: Es más transformadora, más empoderadora, se reconoce más y mejor la realidad de que somos seres muy complejos, de que nuestras respuestas son situacionales y no permanentes… Es cierto que la identidad añade dificultad al proceso de enseñanza, pero esa dificultad siempre había estado ahí aunque antes no la identificábamos, no la reconocíamos. Antes se decía simplemente “este niño no quiere aprender” y en el fondo, algunas de las explicaciones estaban vinculadas con nuestra identidad.

JA: Muchos expertos creemos que en la enseñanza de la lengua no es suficiente preocuparnos sólo de los materiales y las técnicas que vamos a usar para enseñar y que es probable que el alumno vaya a aprender más si también tenemos en cuenta su identidad social e intercultural.
FT: Efectivamente. Dentro de la profesionalidad del docente se presupone que éste domine una serie de técnicas, de estrategias, de metodologías, sepa moverse con una variedad rica de materiales y herramientas… Tienes que dominar un texto escrito y uno audiovisual, uno digital y uno analógico, debes saber trabajar con pequeños grupos y otros grandes o muy grandes, con grupos homogéneos y heterogéneos… Eso está clarísimo, pero hay un matiz: el hecho de reconocer que todos esos elementos ayudan al proceso del aprendizaje pero que lo fundamental es tocar la fibra del individuo con el que estás trabajando.

JA: ¡Me gusta lo de ‘tocar la fibra’! Hablamos de factores afectivos, claro…

FT: Es que se trata de conseguir que lo que tú le estás ayudando a aprender signifique algo para él o para ella como aprendices. Que, de alguna manera, quien aprende pueda interpretar el mundo a partir de lo que aprende, pueda actuar, pueda intervenir en el mundo. Es decir, que lo que tú le ayudas a aprender tiene sentido y se convierte en una de sus herramientas para vivir y para vivir felices. Esa es la clave. De hecho me encanta cuando tan acertadamente citas a Stevick afirmando que la clave no es tanto qué materiales usamos sino lo que ocurre dentro de y entre las personas que están en el aula. Eso en la enseñanza de segundas lenguas es absolutamente fundamental. Probablemente en la enseñanza de otros contenidos y otras materias, también. Pero en la enseñanza de lenguas extranjeras, si no tienes en cuenta que lo fundamental es lo que pasa dentro del aula y entre las personas que están en ella, estás perdiendo la palanca que provoca el aprendizaje.

Trujillo es doctor en Filología Inglesa e imparte clases en la Facultad de Educación, Economía y Tecnología de Ceuta además de colaborar con diversas instituciones internacionales en materia de educación y formación docente

JA: Pues de lo afectivo nos vamos a las llamadas tecnologías de la información y la comunicación de las que tanto se habla hoy. En una clase de ELE o de cualquier otra lengua extranjera, ¿qué ayuda nos pueden traer? Y,¿hay aspectos que podrían ser problemáticos ?
FT: Está clarísimo que la tecnología, como cualquier otro elemento, tiene aspectos positivos y negativos. Gracias a un martillo puedes colgar un cuadro, pero también fastidiarte un dedo si te lo golpeas…

JA: ¿Empezamos por los positivos?
FT: La tecnología nos permite abrir ventanas que difícilmente podríamos abrir sin ella. Por ejemplo, ¿cómo puedes conectar a un grupo de aprendices de español de un pequeño pueblo en Escocia con tres hablantes nativos de español con las variedades peruana, chilena y andaluza para que escuche tres acentos distintos? Esto hace 25 años era literalmente imposible. La tecnología ofrece oportunidades, entre otras cosas, para aquello de lo que hablábamos antes en la anterior pregunta citando a Stevick: de interacción entre quienes estamos en el aula o en nuestra propia casa aprendiendo una L2 online, y personas que están en otros puntos del mundo con otras experiencias, con otros bagajes, con otras perspectivas… con quienes nos podemos conectar.

JA: ¿Esa es para ti la principal aportación de la tecnología en la enseñanza y el aprendizaje?
FT: Es que la tecnología tiene la capacidad de generar oportunidades de aprendizaje realmente memorables.

JA: ¿Siempre?
FT: En absoluto. A partir de ahí la tecnología te la puede jugar en cualquier momento. Yo trabajo a diario con pizarras electrónicas y esta mañana, en un seminario sobre su uso destinado a compañeros, ¡no he podido conectar la mía con mi Ipad! Por eso debe haber siempre un plan B y un plan C: porque con la tecnología todo puede fallar. De hecho, cuando aumenta el nivel de dependencia de la tecnología, aumentan también las posibilidades de error y de riesgo. Quizás sea esa la primera de las partes problemáticas…

JA: ¿Y la segunda?
FT: La segunda pude ser pensar en la tecnología desde la perspectiva del solucionismo tecnológico: que te va a solucionar problemas con seguridad y sin ninguna posibilidad de error. Esto no es así. La tecnología genera nuevas oportunidades, pero la esencia de nuestro trabajo es la interacción cara a cara. Sobre esa interacción cara a cara tú puedes ir metiendo capas de tecnología y, con cada capa, puedes abrir nuevas oportunidades. Pero aumenta también el riesgo de que tú dejas de controlar lo que es esencial: la interacción cara a cara. El solucionismo tecnológico, es decir, pensar que sólo por introducir tecnología en el aula la gente va a aprender mejor, es un riesgo importante porque dejas de apreciar lo fundamental, la interacción cara a cara, para depender de lo tecnológico. Esto es un error muy importante.

JA: Entonces, y con sus riesgos, la tecnología abre ventanas ofreciendo oportunidades y, más concretamente en el caso de aprendices de una L2, oportunidades de interactuación. ¿Pero qué pasa con la identidad social? ¿De qué manera podría influir?
FT: La tecnología te permite enriquecer tu identidad y, conocer otras, te permite crear la disonancia cognitiva, crear problemas y soluciones a los mismos…

JA: ¿Nos pones un ejemplo?

FT: Un ejemplo clásico en las propuestas interculturales es el de ir a una frutería en Francia, donde los productos están magníficamente expuestos a pie de calle, ¿podemos coger las piezas que queremos comprar? Pues mientras que en España es relativamente común coger los melocotones o las peras que quieras, en otros países se espera que llames al frutero o la frutera para que lo haga. Son acciones que están determinadas culturalmente. Y, en este sentido, y al igual que cuando estás en otro país te enfrentas a esa disonancia cognitiva, la tecnología te permite generar esas situaciones que enriquecen nuestro conocimiento identitario con relativa facilidad porque puedes participar en esas situaciones de manera diversa. Y es que la tecnología puede ser una herramienta para enriquecer tu identidad en el proceso de aprendizaje de lenguas. Por eso es también una parte importante que abordaremos durante mi taller en Enele 2019: averiguar cómo provocar esto, cómo provocar ese enriquecimiento personal.

JA: Pues ya nos has dado una pequeña pista, pero queremos más. ¿Qué va a encontrarse la gente enelista en el taller de Fernando Trujillo?
FT: Espero que mi taller sea una reflexión acerca de conceptos que son para mí nucleares en nuestra profesión: bien porque están ahí desde que empezamos a hablar de aprendizaje de lenguas -como lo es la cuestión de identidad-, bien porque hoy en día, en el siglo XXI y el año 2019, no podemos dejar de hablar de tecnología en un ámbito como el nuestro, el de la enseñanza de lenguas. Vamos a intentar explorar esas posibilidades y ver hacia dónde nos puede llevar la tecnología. Y todo ello sin renunciar a la reflexión y a tratar conceptos teóricos fundamentales para un buen o una buena profesional. Queremos encontrar claves que poner en funcionamiento tan pronto como volvamos a nuestras aulas utilizando los dos ejes de nuestro taller: identidad y tecnología.

Enele 2019 está organizado por Language and Cultural Encounters y el Centro Superior de Lenguas Modernas de la Universidad de Cádiz. Ha sido diseñado y coordinado por Jane Arnold Morgan (Catedrática de Metodología de la enseñanza de lenguas y directora académica de LCE) y cuenta además con la colaboración de la Fundación Universidad Empresa de la Provincia de Cádiz, el Instituto Cervantes, el Ayuntamiento de CádizELE Lovaina, la editorial SgelClic International House, la Federación Española de Asociaciones de Escuelas de Español para Extranjeros (FEDELE), la Asociación de Centros de Enseñanza de Idiomas de Andalucía (ACEIA)Educación 3.0 y la Residencia de Estudiantes Cádiz centro

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