“Las ‘reglas gramaticales’ deberían ser una ‘solución’ a un problema que el alumno tiene”

En este encuentro con Juan Manuel Real, Jane Arnold y el ponente de Enele 2017 se sumergen en la gramática para destripar sus características, sus luces y sus sombras, como medio y también como fin. Juan Manuel considera que las “mal llamadas reglas gramaticales” deberían ser enfocadas, más que como una regla o una obligación, como una solución a un problema que el alumno tiene. Por eso apuesta hasta por cambiarle el nombre. Impartirá el taller “Cuando despertó, la Gramática todavía estaba ahí”. (Memorias de un dinosaurio vivo) este verano en el III Encuentro Internacional de Desarrollo Profesional en ELE

J.M. Real: “Cuando el aprendizaje es una tarea memorística se evapora de nuestra mente con el pasar del tiempo”

Jane Arnold: En Enele 2015 José Plácido Ruiz Campillo afirmaba que la gramática no tiene que ser gris y que puede ser divertida. ¿Estás de acuerdo con que no tenemos que aburrir a los alumnos para enseñar la gramática?
Juan Manuel Real: Ruiz Campillo es un autor fundamental en lo que se refiere a pedagogía de la gramática en ELE, y creo que en este asunto, como en otros muchos, merece ser oído y leído con la mayor atención. En cuanto a lo de aburrir a los alumnos con una materia, esta misma semana leía en el diario El País una entrevista al matemático John Mighton, que se ha hecho célebre por su aportación a la didáctica de las matemáticas. En la entrevista, Mighton aseguraba que el problema con las matemáticas no es tanto de los niños, sino de cómo se enseña. Yo creo que de la gramática (o de la física o el latín) se puede decir exactamente lo mismo: en sí misma no es aburrida o divertida, pero la manera en que la administramos pedagógicamente sí que puede ser una cosa o la otra. Yo aprendí varias veces de memoria la tabla periódica de los elementos y la olvidé otras tantas veces, ¿qué sentido o qué significado tenía para mí que el Hidrógeno, el Sodio y el Litio estuviesen en la primera columna? ¿Por qué no podía venir después del Hidrógeno, por ejemplo, el Oro o el Antimonio? Cuando el aprendizaje es una tarea no significativa, memorística, se evapora de nuestra mente con el pasar del tiempo. De manera análoga al aprendizaje de la tabla periódica, aprendí de memoria listas de verbos irregulares en inglés, y a los pocos días del examen apenas recordaba nada.

JA: Entonces está claro: en clase hay que huir del aburrimiento…
JMR: Los métodos tradicionales de enseñanza han aburrido soberanamente no sólo con la gramática, sino con cualquier cosa, porque han recurrido con demasiada frecuencia a dar la orden de que el alumno memorice, en lugar de estimular su curiosidad o interés por lo que estudia. En el caso de la gramática esto es especialmente trágico, porque la finalidad de su estudio no es solo el conocimiento, sino más bien el desarrollo de una habilidad, como señala DeKeyser. No es ninguna novedad, por tanto, afirmar que el reto consiste en conseguir que los alumnos se impliquen de manera activa en el proceso de aprendizaje, que lo que estudian en clase de español -sea gramática, léxico o aspectos culturales- tenga un significado para ellos. He leído, en este mismo blog, la entrevista a Francisco Mora, y en ella el entrevistado dice algo que es crucial: no hay aprendizaje sin emoción. El aburrimiento es la negación por antonomasia de la emoción, por lo que creo que todo empieza por observar la realidad del aula, intentar entender qué es significativo para nuestros alumnos y tratar de orientar hacia ese punto nuestra práctica docente.

JA: Aburrimiento, no. Emoción, sí. Entonces, ¿nos podrías decir cómo no enseñar la gramática?
JMR: Probablemente es más fácil hablar sobre cómo no debemos enseñar gramática que lo contrario, porque las recomendaciones sobre cómo sí que debemos administrar la gramática en el aula creo que dependen de una serie de factores que el docente ha de considerar antes de adoptar medidas pedagógicas concretas, porque cada grupo de alumnos es un mundo. En cualquier caso, y con toda la prudencia que este asunto requiere, creo que sí se puede hacer una recomendación sobre qué evitar: no es buena idea desvincular el aprendizaje de la gramática del significado de la forma gramatical.

JA: ¿Un ejemplo de esta desvinculación del significado?
JMR: Un buen ejemplo de propuesta didáctica al margen del significado son las listas de verbos irregulares de las que hablábamos antes. De poco sirve aprender de memoria una lista de verbos irregulares, ya que en el marco de una lista, esos verbos no son significativos. El psicólogo y especialista en memoria Daniel L. Schacter, en su libro Los siete pecados de la memoria, nos explica que más de la mitad de la información memorizada de manera no significativa se olvida unas cuantas horas después del ejercicio de memorización, y apenas un 20% de lo memorizado sobrevive más de un mes. Sería exagerado decir que yo no aprendí ningún verbo irregular gracias a la lista que memoricé, algo sí que permaneció en mi memoria, pero si se afianzó luego y no se perdió por completo es porque tuve oportunidad de usar en situaciones significativas lo poco que aún recordaba. Pero como mejor he aprendido las irregularidades de una lengua extranjera ha sido en situaciones reales de comunicación, lo cual es, justamente, lo que los estudios sobre la memoria predicen que ocurrirá.

J.M. Real: “No es buena idea desvincular el aprendizaje de la gramática del significado de la forma gramatical”

JA: ¿La clave para aprender eficazmente estaría en contextualizar?
JMR: Es cierto que podríamos pensar entonces que la clave está en la instrucción en contexto, pero yo creo que no exactamente: la clave, en mi opinión, es más bien la instrucción mediante el significado; lógicamente, siempre es más fácil que el significado esté presente si contamos con un contexto, pero ese punto de vista puede llevarnos a cometer dos errores:

Primero, creer que la descontextualización es siempre indeseable. La descontextualización significativa es un recurso más, que puede resultar ventajoso al menos para determinados perfiles y fases del aprendizaje, y con esto me hago eco de la propuesta al respecto de Ruiz Campillo. Un ejemplo de descontextualización significativa es, al tratar el tema de Ser y Estar, cuestionar a nuestros alumnos sobre el significado que perciben en las preguntas ¿Cómo estás? y ¿Cómo eres?, y pedirle que sean ellos los que propongan el contexto.

Segundo, creer que la contextualización, por sí sola, aclara el significado de la forma. Esto es cierto a veces, pero no siempre. Un problema anejo a la contextualización nocio-funcional es que el alumno puede asignar a la forma gramatical no el valor que tiene por sí misma, sino el valor pragmático de todo el enunciado o el texto. El resultado es que nos encontramos con alumnos para los que todos los condicionales son consejos y todos los consejos los dan con condicional (mejor que te *irías a casa), o todos los subjuntivos son expresión de duda y cada vez que quieren expresar duda, usan subjuntivos (no *esté seguro de eso).

Por tanto, y como ya te comenté anteriormente, la recomendación sería no enseñar nunca la gramática al margen de su significado, y prestar especial atención a aquellos casos en los que el trabajo con un contexto puede no ser suficiente para que el alumno perciba claramente el significado de la forma.

JA: ¿Cuáles son algunas de las herramientas que tiene el docente para hacer la gramática más atractiva para los alumnos y por tanto lograr que su aprendizaje de la lengua sea más eficaz?
JMR: Creo que el mejor aliado es, como decía antes, el significado: el significado de la forma, el significado en el contexto, tareas significativas que hagan significativo también el conocimiento. Otra recomendación puede ser hacer que las reglas aparezcan sólo cuando el alumno las necesite, y otra más intentar que el alumno participe en la medida de lo posible en el descubrimiento de la regla. Digo en la medida de lo posible porque también debemos ser conscientes de hay alumnos que se van a sentir más seguros en un proceso contrario, donde nosotros le suministremos la explicación que necesita. Volvemos a lo que decíamos antes: no hay fórmulas universales, la inducción no es mejor o peor que la deducción, es simplemente más o menos adecuada a un contexto dado.

JA: El significado como aliado y que el alumno “haga suyas” las reglas. ¿Puedes concretar esto un poco más?
JMR: Es cierto que quizás a alguien todo esto le pueda parecer un conjunto de recomendaciones demasiado generales, y que lo que se necesita son propuestas más específicas. Pero esto no es un problema, hay de hecho un amplio abanico de propuestas concretas: unidades didácticas, tipologías de ejercicios muy variadas, juegos, tareas y un largo etcétera de recursos para el aula, y hablaremos de todo ello en el taller. Pero creo que es necesario recalcar aquí que el profesor, antes de nada, ha de adaptar su actuación docente a la realidad que observa en el aula, porque una actividad que funciona de maravilla en un determinado contexto, puede naufragar estrepitosamente en otro. No es lo mismo dar clase a adultos que estudian español porque lo necesitan urgentemente en su día a día, que dar clase a adolescentes que tienen español porque es parte del programa; y no es lo mismo tener clase con esos mismos alumnos, los adultos o los adolescentes, a primera hora de la mañana que a última hora del día, cuando ya están cansados. De autores como Stevick y Kumaravadivelu hemos aprendido que el principal reto del docente consiste en ser capaz de captar a la realidad social, cultural y afectiva de su grupo de alumnos y el perfil de aprendizaje que éstos poseen. Por tanto, lo único que creo que se puede recetar con carácter más o menos universal es operar siempre desde el significado, pero no sólo el de los contextos, también el de las formas, dejar que el alumno experimente con lo que ocurre al manipular ese significado, e intentar crear en el aula situaciones en las que necesite hacerlo. Las llamadas (creo que mal llamadas) reglas gramaticales deberían ser enfocadas, más que como una regla o una obligación, como una solución a un problema que el alumno tiene. Deberíamos cambiar el concepto de reglas por el de recursos comunicativos.

JA: Tal vez en el pasado con algunos métodos se ha dado una importancia excesiva a la gramática, convirtiéndolo en un dinosaurio pero la gramática proporciona al aprendiz un escalón esencial para llegar al uso comunicativo de la lengua, ¿no?¿Nos puedes dar algún ejemplo?
JMR: La gramática ha ocupado lugares que no le correspondían. Y no sólo eso, sino que además la enseñanza de la gramática ha sido eminentemente no significativa y memorística, la mayor parte del tiempo. Veamos un ejemplo de algo que se puede encontrar hoy día en cualquier manual y en miles de clases, a lo largo y ancho del globo: los llamados “marcadores temporales”. Le decimos a nuestros alumnos que con «hoy» se usa el pretérito perfecto «he cantado», y con «ayer» se usa el indefinido «canté». Pero si por curiosidad, escribimos en Google “hemos visto”, así, entrecomillado, y prestamos atención a los ejemplos que nos proporciona el buscador, tal vez nos sorprenderá ver la escasez de ejemplos de “hemos visto” asociados a marcadores temporales. En la mayoría de los ejemplos que aparecen, todos ellos muestras reales de lengua, no hay ni rastro de marcadores temporales, referencias temporales explícitas de algún tipo, y ni siquiera implícitas. ¿Qué quiere decir esto? Quiere decir que nuestra administración pedagógica de ese recurso gramatical no opera a partir del significado de «hemos visto» frente a «vimos», sino a partir de un concepto netamente formal: allá donde veas esta palabra, coloca la siguiente. Pero lo peor de todo está por venir, y es que lo que decimos a los alumnos no condice con la realidad del uso de la lengua. Y no condice no sólo porque en la mayoría de las ocasiones esas formas carecen de marcadores temporales que las justifiquen estructuralmente, sino porque además, cuando aparecen los marcadores temporales, nos encontramos con ejemplos contrarios a lo que enseñamos en clase, es decir, podemos encontrar con facilidad ejemplos del tipo “ayer hemos visto” u “hoy vimos”. Alguien puede sentir la tentación de aducir que se trata de errores gramaticales cometidos por hablantes extranjeros, o bien nativos que no conocen bien su lengua, pero yo me apartaría muy rápido de esa tentación por dos buenos motivos: primero porque sería tremendamente difícil explicar que un hablante desconozca la gramática de su propia lengua, ya que las gramáticas se extraen de la observación de cómo habla la gente, y no al revés, y segundo, porque esos “errores” aparecen en textos escritos y hablados por usuarios de la lengua tan competentes como premios Nobel de literatura, premios Cervantes de las Letras, directores de la Real Academia de la Lengua, directores del Instituto Cervantes, obispos, diputados y periodistas de prestigio. Es más sensato asumir que estamos, simplemente, ante reglas mal formuladas.

El ponente de Enele 2017 considera que en la enseñanza de gramática “no hay fórmulas universales” aunque “el significado de la forma es el mejor aliado”

JA: Está clarísimo: hay que buscar las formas de enseñar y aprender la gramática porque, nos guste o no, es fundamental…
JMR: ¡Claro! Es que resulta imposible comunicarse bien sin gramática, y eso es algo en lo que estaremos de acuerdo todos tras analizar algún sencillo ejemplo. Frases del tipo “Tarzán comer jabalí” son tan sólo comprensibles a partir de la noción de que los sujetos en español suelen preceder a los verbos, y los objetos ir detrás de éstos. Es decir, el significado se transmite gracias a conceptos básicos de la sintaxis, un aspecto tradicional de la gramática. La gramática no es otra cosa que un conjunto de recursos para especificar lo mejor posible quién hizo qué a quién, dónde, cuándo, cómo y por qué. Cuanto mayor es el dominio de esos recursos, mayores nuestras opciones de éxito comunicativo. Volviendo al ejemplo de Tarzán y su almuerzo, pensemos en cómo cambia la historia en función de cómo usemos la gramática: no es lo mismo decir “Tarzán se comió un jabalí” que “A Tarzán se lo comió un jabalí”. Y a Tarzán, que el pobre no domina la gramática demasiado bien y que por tanto tendría dificultades para reconocer a que escena remite un enunciado y otro, seguro que no le gustaría tener que elegir entre uno de los dos escenarios, no sea que metiese la pata.
En cualquier caso, la comunicación humana no depende, por suerte para Tarzán y para todos, del dominio de la gramática. El lenguaje no verbal, el contexto o la reformulación son otros recursos estratégicos que pueden ayudarnos a expresar el significado que queremos transmitir. Pero lo haremos con mayor facilidad, comodidad, ahorro de energía y precisión si dominamos esa herramienta comunicativa llamada gramática. Para eso, precisamente, el ser humano la creó hace algunos cientos de miles de años. La gramática es de los pocos dinosaurios que todavía sigue aquí.

JA: Y por fortuna, seguirá… Muchas gracias.

Acerca de Language and Cultural Encounters

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